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Recientes investigaciones (finales de 2005) han demostrado que
la embarcación más antigua hallada, corresponde a un barco de
pesca, descubierto en Corea del Sur por el equipo científico del
Museo Nacional Gimhae. Dicha embarcación está confeccionada en
madera de pino y medía cuatro metros y medio de largo por sesenta
centímetros de ancho. Su calado era de veinte centímetros, ideal
para la navegación en zonas poco profundas. Su antigüedad: 8000
años.
Los primeros navegantes.
El descubrimiento de la embarcación coreana no quita el hecho de
que los pueblos de la cuenca del Mediterráneo fueron los primeros
en volcarse al mar como si de una autopista se tratara.
Los cretenses son quizá el más
enigmático de los primeros pueblos de navegantes. A diferencia de
los demás barcos construidos por griegos, egipcios, romanos o
cartagineses, no se han hallado restos suficientes de bajeles
cretenses que nos permitan una detallada reconstrucción. Sólo de
las pinturas y esculturas minoicas pueden deducirse algunos
detalles de los barcos que construyó la primera potencia naval de
la que se tiene noticia.
Durante muchos siglos los cretenses dominaron el comercio en el
Mar Mediterráneo. Para proteger dicho comercio, se necesitaba una
flota de guerra que dominara las rutas comerciales con Asiria,
Egipto o Grecia.
Los primeros barcos de guerra, según se desprende de esculturas y
pinturas, tenían una roda alta y a popa presentaban un remo a modo
de timón. Carecían de vela y se impulsaban por remos. Inicialmente
no tenían cubierta y eran manejados por unos treinta remeros. A
proa y popa presentaban unas pequeñas plataformas de combate. En
los primeros tiempos, estas pequeñas embarcaciones tenían una
misión de vigilancia costera. Más adelante, el aumento del tráfico
mercante y los primeros ataques de piratas y barcos de otras
potencias mediterráneas a los barcos cretenses, lejos de la
protección de estas fuerzas costeras, impulsó a los cretenses a la
construcción de barcos más grandes dotados ya de velas y capaces de
lograr la supremacía en el mar. Estos barcos tendrían unos 30
metros de eslora, por 5 de manga, y estaban impulsados por 50
remeros. En estos modelos ya se incluía una vela para facilitar los
desplazamientos por alta mar. El mástil que sujetaba la vela estaba
compuesto por dos palos apoyados en las bordas que se unían en el
extremo superior, de la misma forma que los barcos egipcios. La
diferencia entre éstos y los cretenses eran básicamente dos: el
sistema de aparejo y la existencia de una roda elevada a proa
mediante un tajamar, mucho más alta que la de popa. La madera
empleada era, posiblemente, de ciprés.
La decadencia comercial de Creta, unida al incremento del poder
naval de los fenicios, griegos y egipcios, marcó el final de Creta
como potencia naval.
Los fenicios, originarios del actual
Líbano, disponían de diferentes tipos de embarcaciones. Por un
lado, existía la llamada gauloi (bañeras)
por los griegos, que era una embarcación de carga y que recibía
este apodo debido a que era de forma ancha y redondeada. Solía
tener entre 20 y 30 metros de eslora y de 6 a 7 de manga. El calado
era de unos 1,5 metros y el casco estaba impermeabilizado con pez.
Para proteger a la embarcación de posibles maleficios, llevaban en
la proa una figura con la forma de algún animal; la popa solía ser
de perfil redondeado y terminaba en forma de cola de pescado.
Por otro lado, encontramos la galera de guerra fenicia. Era un
birreme (impulsado por dos órdenes de remos), con un mástil en el
centro de su eslora. La característica más notable de estos navíos
es que eran rápidos, manejables y de escaso calado. Fue su estrecha
pasarela de combate y su poderoso espolón en forma de cuerno, una
innovación muy plagiada posteriormente. La pasarela de combate
albergaba a las tropas de infantería que, durante la batalla,
tenían como misión la defensa del barco y el abordaje del
contrario. Sabemos que los fenicios llegaron por el norte hasta
británica e incluso se están cuestionando una serie de hallazgos en
Brasil que podrían ser testimonio de su presencia en dichas
latitudes. Podría rebatir esta posibilidad el hecho de que
preferían navegar al abrigo de las costas.
La técnica constructiva de los barcos
egipcios estaba limitada por el tipo de
árboles que crecían en las riberas del Nilo. Carecían de quilla y
armazón, ya que estaban construidos por pequeños bloques de "acacia
nilótica" unidos entre sí como si fueran ladrillos. El ariete de
proa estaba reforzado con bronce y un poderoso remo en la popa
hacía las veces de timón. Un mástil único presentaba en su extremo
superior la primera cofa de combate. Las velas.
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