La lucha antidopaje tiene ahora una
estructura legal mucho más rigurosa y utiliza un lenguaje que es de
carácter global. La idea intuitiva de que el dopaje consiste en la
utilización de alguna sustancia o método prohibido ha sido
sustituida por la más adecuada legalmente de que el dopaje se
define como: La violación de cualquier regla del código
antidopaje, estas reglas están definidas explícitamente en el
Código Mundial Antidopaje. Tras la ratificación del Código Mundial
Antidopaje por parte de gobiernos y federaciones internacionales,
cualquier actividad deportiva regulada tanto a nivel nacional como
internacional debe cumplir con la normativa establecida. En la
actualidad muchos gobiernos han introducido una legislación contra
el dopaje, proceso en el cual el Consejo de Europa se convirtió en
un actor clave, junto con el COI y la UNESCO.
A pesar de que el dopaje no es un
fenómeno nuevo en el deporte, el enfoque como un peligro potencial
para el movimiento olímpico moderno fue reconocido en los años 50 y
oficialmente aceptado diez años después con la creación de una
lista de sustancias prohibidas para las Olimpiadas de México en
1968. La problemática del dopaje que, en muchos casos, había
quedado reservada para los
debates teóricos y las
formulaciones científicas se ha visto seriamente convulsionada y
como consecuencia de ello bruscamente debatida en las sociedades
modernas y en los organismos internacionales. A partir de los
acontecimientos ocurridos en torno a la vuelta ciclista conocida
como "El Tour de Francia" en 1988 se dio lugara que una norma que parecía
adormecida (La Ley Francesa de 1989: Represión del Dopaje de
los Deportistas) despertó de su letargo y comienza a ser
aplicada con un rigor, hasta esos momentos desconocido y
seguramente inesperado.
A partir de ahí se abre un debate
mucho más profundo, en el que se ven obligados a tomar parte los
máximos representantes deportivos olímpicos y los países en una
acelerada carrera, en parte lógica, porque existía una cierta
demora generalizada en el impulso de estos temas. La observación
del avance de formas de dopaje cada vez más sofisticadas, las
cuales proyectan una sospecha de duda sobre cualquier récord,
registro o resultado, provocan reuniones en el COI, en el seno del
Consejo de Europa, en la Unión Europea y en las Federaciones
Internacionales que obligan prácticamente al COI a convocar una
reunión para intentar liderar un problema que ha atacado al mundo
del deporte con una contundencia y una rapidez que le convierten en
una amenaza sin precedentes, incluso superior que la que supuso la
aceptación del profesionalismo en el olimpísmo.
Como resultado de ello se acuerda
la celebración en febrero de 1999 de "La Primera Conferencia
Mundial Sobre el Dopaje en el Deporte", celebrada en Lausana,
Suiza. Este evento marcó un cambio de rumbo en la forma de abordar
el problema, poniendo el acento en la necesidad de crear un
organismo internacional independiente, que estableciera normas
uniformes para luchar contra el dopaje y coordinara los esfuerzos
de las organizaciones deportivas y de los poderes públicos.
Ese mismo año, se acuerda
constituir y poner en funcionamiento la Agencia Mundial Antidopaje
(WADA-AMA), en cuya estructura y financiación participan de forma
equitativa el movimiento olímpico y los gobiernos de un gran número
de países, preocupados cada vez más por el auge del dopaje y su
rápida expansión más allá del circuito del deporte profesional de
alta competición. Hasta entonces, el instrumento jurídico de mayor
alcance para la colaboración intergubernamental y la cooperación
internacional en la lucha contra el dopaje en el deporte había sido
el Convenio aprobado al respecto por el Consejo de Europa en 1989 y
su protocolo adicional, que logró armonizar en buena medida las
políticas públicas y los procedimientos antidopaje seguidos por los
45 Estados Europeos firmantes.